Hay días en que preferiría ser huérfana, al menos por un ratito, y no es que no quiera a mi mamá, es sólo que a veces la Conqui resulta agotadora. Por ejemplo, hoy en la tarde yo estaba feliz de la vida en el jardín controlando a un pajarito que, saltando de rama en rama, cada vez estaba más cerca de mis zarpas; iba todo bien, yo estaba casi lista para dar el gran salto final y caer sobre mi primer plumífero viñamarino cuando de repente ¡zas! escucho cómo se abre la ventana de la cocina y veo la cabeza de la vieja sapa asomándose mientras me llamaba con esa voz de niño tonto que muchas veces usa para hablarme “¡hola mi guaguá! ¿qué estás haciendo?”… “tratando de cazar un pajarito vieja retamboreada”, me habría gustado responderle, pero claro, como soy gatita linda no le dije nada y me limité a mover mi cola enfurecida mientras veía escapar a mi ansiado pajarito. Está visto que sin importar dónde estemos algunas cosas no cambian: la Conqui siempre aparece para terminar con mis ínfulas d...
(Diario de una gata)