lunes, 23 de junio de 2014

El paseo

¡Lo pasé bomba en mi pijama Party! y debo confesar que no tenía ninguna gana de volver a mi casa ¿la verdad? es más entretenido vivir rodeada de niños que corren de un lado para otro, que convivir con un par de viejas lateras y que ya me conozco de memoria.  

El viernes partí a alojar con mi mamá a Santiago y luego de un viaje relativamente corto, llegamos a la casa de la Mila como a las 4 de la tarde. Durante el camino me porté bien; me fui tranquila en el asiento de atrás escuchando lo que la abuela y la Conqui iban conversando, a veces metía la cuchara y soltaba un miau participativo para que no se fueran a olvidar de mí.  Nos demoramos poco, algo memos de hora y media ¡nada que ver con el viaje desde Puerto Varas a Viña! y entre subidas y bajadas del camino se hizo de noche y de día dos veces: según la Conqui no es que se escondiera el sol y volviera a salir, si no que entramos a unas cosas que se llaman túneles y sirven para acortar camino… ¡podrían hacer un túnel para demorarse menos a Puerto Varas! 

De Santiago no tengo mucho que decir la verdad, salvo que es muy grande, hay muchos autos y un olor a motor que se te pega en la piel, como será que ayer me pasé todo el día limpiándome para quitarme la sensación de gris pegote con que llegué de vuelta a la casa. Eso sería lo único que no me gustó de mi viaje a Santiago, porque de que lo pase bien ¡lo pasé muy bien! empezando porque conocí el colegio de mis primas chicas ¡yo nunca había estado en un colegio! sabía lo que eran porque la Mila me había contado, pero confieso que no le creí mucho cuando me dijo que ahí se juntaban montones de niños ¡salían por todas partes! aparecían saltando como lauchitas de todos los rincones ¿y saben qué? yo era la única gatita que había ido a buscar niños al colegio, y confieso que me gustó esa sensación de exclusividad.

Después de recoger a las niñitas en el colegio, nos fuimos para la casa de la Mila; es bien bonita debo decir, grande muy grande, con harto lugar donde esconderse y mucha cosa entretenida para oler. Tiene un jardín inmenso lleno de arbolitos ¡el sueño de cualquier gatito! Un desperdicio que la Mila no tenga uñitas para subirse a ellos, como dice mi mamá “Dios le da pan a quién no tiene dientes”… aunque no entiendo mucho qué quiere decir eso porque la Mila sí tiene dientes.

Con la Conqui nos instalamos en la pieza de la Patty. Podría decir muchas cosas de esa pieza, pero mi mamá me dijo que la ropa sucia se lavaba en casa y que ni se me ocurriera andar ventilando intimidades, pero yo no tengo calzones sucios así que no voy a lavar nada, y si de ventilar intimidades se trata la Patty lo hace de lo mas bien solita porque en su pieza los calzones y corpiños se guardan arriba de las mesas y sillas en vez de en el closet como hace mi mama... que raro ¿no? ¿porqué será? En todo caso, bien entretenida la pieza, estaba llena de cajas y papeles revueltos, así que había harto dónde esconderse.

Después de controlar la pieza, con mi mamá y la Mila salimos a recorrer toda la casa; la Conqui me llevaba en brazos y la Mila iba delante nuestro con su cola de bandera haciendo de guía, y fue muy bueno el tour porque así me pude hacer una idea rápida de dónde estaba cosa de, después, poder recorrer con calma los lugares que más llamaron mi atención, como por ejemplo, la pieza de la ahijada de mi mamá. Me gusta ella, dice que no le gustan los gatitos, pero me tinca que no es verdad (iba a decir que es mentira, pero mi mamá dice que mentira no se dice), porque en su pieza tiene unos libros que se llaman Gaturro y un gatito es el protagonista. Y si eso fuera poco, yo me instalé en su pieza y me subí a su cama, y ella rascó mi pancita y detrás de mi orejita ¡fue tan rico! es linda la Francisca, debe ser porque es ahijada de mi mamá y eso vendría a ser algo así como una semi hija y si es hija de la Conqui, es hermanita mía así que es preciosa igual que yo.

En la noche mi mamá durmió en una cosa que se llama saco de dormir y vendría a ser una cama enrollable, yo dormí con ella (obvio) ¿y saben quien más durmió con nosotras? ¡la Mila! Dormimos las tres juntas en la cama: mi mama al medio, yo entre sus piernas y la Mila a un ladito. Debo decir que eso fue lo que menos me gustó del pijama party porque la Mila ronca y se tira unos punes bien hediondos, así que mientras ella dormía a pata suelta echando aire por arriba y por abajo, mi mamá me explicaba lo que eran las cámaras de gas. Después de un rato nos bajó el sueño y nos dormimos hasta el día siguiente dónde ocurrió algo que me hizo comprender la fetidez de mi prima…

En la mañana me levanté directo al baño, hice lo que tenía que hacer y volví a acostarme con la Conqui. No pasaron ni cinco minutos que la Mila también se levantó y se fue a revisar mi cantorita y parece que algo se anduvo robando porque cuando mi mamá se levantó y fue a limpiar mi arenita como todas la mañanas ¡no había nada! El puf puf que yo había hecho, había desaparecido ¿lo pueden creer? No me atrevo a acusar a nadie porque pruebas concretas no tengo, pero sí me tinca que la Mila tuvo algo que ver con la desaparición de mis lulos, y eso explicaría la hediondez de sus punes ¿o no? 

Entretenido mi viaje a Santiago, entretenida la casa de la Mila, como será que ni tiempo tuve de jugar con los juguetes que había llevado por si me lateaba, y tampoco me pinté las uñitas de rojo como tenía ganas de hacer ¿saben qué? parece que voy a tener que volver…


jueves, 19 de junio de 2014

Pijama Party

¡Que nervios! ¡Mañana tengo mi primer pijama party! Resulta que mi prima Mila me mandó un mail invitándome a alojar en su casa ¡y mi mamá me dio permiso! Nos vamos a ir mañana y ¡todavía no preparo la maleta! Tengo que llevar mi maletita con el chal, mis crunchi crunchi y el ñam ñam, mis platitos para el agua y la comida, el tenedor del ñam ñam, un par de juguetes para no aburrirme en el auto y mi cantorita con arena ¡espero que no se me olvide nada! y que mi mamá no tenga que llevar tantas cosas porque si no, no vamos a caber en el auto, aunque después de ver todo lo que nos trajimos de Puerto Varas creo que la Conqui hace magia cuando de cargar el auto se trata.

Después de mi viaje el año pasado desde Puerto Varas a Viña, esta será la primera vez que voy a andar tanto rato en auto, aunque dice mi mamá que es cortito, hora y media con suerte. Lo que sí, parece que Santiago (dónde vive la Mila) es muy pero muuuuuy grande y la Conqui dice que no puedo moverme de su lado porque me puedo perder; además, parece que todo está lleno de autos y es muy ruidoso, pero por suerte mi prima vive a los pies de un cerro que se llama Manquehue y parece que allá hay menos ruido que en el centro. 

Dice mi mamá que la casa de mi prima es súper grande, y que tiene una cosa que se llama piscina en el jardín ¡yo nunca he visto una de esas! La Conqui dice que es como una tina pero por lo menos 20 veces más grande ¡y siempre está llena de agua! Agua fría eso sí, no calentita como con la que se baña mi mamá cuando usa la tina que tiene acá…¡las cosas que inventan los humanos!

La Mila dice que nos vamos a poder pintar las uñas igual que mi mamá ¡yo las quiero rojas! ella seguro que las va a querer rosadas… Ya, mejor me voy a hacer la maleta… ¡que nervios!

(Ojalá que a mi no me hagan eso... ¡fome la talla!)

lunes, 16 de junio de 2014

Maniobra de Heimlich

Lo confieso: he estado ociosa los últimos días, pero tengo una excusa muy buena, y es que… naaaaa, no tengo excusa posible; me podría inventar alguna, pero si algo me ha enseñado mi mamá es que mentir es malo y que uno siempre debe asumir la consecuencia de sus actos, sobre todo cuando ha metido la pata, y ella sí que sabe de meter la pata ¡si yo les contara! ¿Saben cuál fue la última? ¡Ponerle demasiado peperoncciono a la carbonada! Vieran como tosía mi abuela cuando la probó por primera vez… ¡Cof! ¡Cof! ¡Cof! hacía la pobre vieja mientras los ojitos se le ponían brillantes tratando de retar a mi mamá por lo picante de la comida. Cómo sería el escándalo que yo estaba en el cerro e igual escuché todo el barullo y volví corriendo a la casa para ver que estaba pasando y si podía ayudar en algo, no sé, tal vez haciéndole la maniobra de Heimlich a la veterana ¡y no se rían! es tan flaquita la señora que estoy segura que si agarro vuelo y salto sobre sus pulmones, cualquier cosa que estuviera atorada en su garganta saldría volando. Eso sí, con mi mamá la cosa sería distinta porque ella es haaarto más grande que mi abuela, y no sé si yo tendría tanta fuerza como para causarle el mismo efecto de fuelle mmm voy a tener que decirle que practiquemos a ver si resulta 

Y ya que me puse a hablar de salvar vidas humanas con la maniobra de Heimlich, voy a decirles que también sirve para salvar la vida de los gatitos, pero como yo no soy veterinaria y mucho menos doctora, prefiero dejar que otros expliquen como se hace correctamente, porque cuándo hay que ponerse serios ¡yo soy muy seria!

Humanos:
  1. Primero pregunte: ¿Se está asfixiando? ¿Puede hablar? NO aplique primeros auxilios si la persona está tosiendo con fuerza y puede hablar, ya que una tos fuerte puede desalojar el objeto.
  2. Párese detrás de la persona y rodéela con los brazos por la cintura.
  3. Forme un puño con una mano y coloque el puño por el lado del pulgar justo encima del ombligo de la persona, bien por debajo del esternón.
  4. Agarre el puño con la otra mano.
  5. Realice compresiones rápidas hacia arriba y hacia adentro con el puño.
  6. Continúe con dichas compresiones hasta que el objeto salga o la víctima pierda el conocimiento.

Gatos:

La maniobra de Heimlich en los gatos es un arma de doble filo ya que si bien puede salvarnos la vida, también puede causarnos graves lesiones, así úsenla solamente si han sido testigos de que el gato se ha tragado algún objeto extraño y corre peligro de asfixia:

  1. Si el gato lleva collar, quíteselo
  2. Ábrale la boca e inspeccione su garganta (fig. A). Si puede ver el objeto que causa la obstrucción, y si el gato se lo permite, extráigalo (fig. B). No trate de sacar el objeto a menos que lo pueda ver. Los gatos tienen pequeños huesos en la base de la lengua que pueden ser confundidos con huesos de pollo.
  3. Agarre al gato por los cuartos traseros y levántelo, con la cabeza hacia abajo (fig. C): Esto a veces es suficiente para extraer el cuerpo extraño.
  4. Como una alternativa al paso 3, dele una súbita palmada entre los hombros (fig. D). Si ninguno de estos pasos deja libre la vía respiratoria, deberá llevar a cabo la maniobra Heimlich (fig. E).
  5. Agarrando al felino por la cintura, apriételo contra su cuerpo, como si le diera un fuerte abrazo. Coloque un puño justo por debajo de las costillas.
  6. Apriete el abdomen rápida y fuertemente con el puño de tres a cinco veces.
  7. Examine la garganta para comprobar si ha salido el objeto. Si no ha tenido éxito, repita la operación.
  8. Atención: Aunque esta técnica tenga mucho éxito, sigue siendo necesario llevar al gato al veterinario, ya que la maniobra de Heimlich, por sí sola, puede causar daños internos.

(Información y foto sacados del libro “Gatos, manual de usuario”)

Por cierto, como los gatos siempre estamos escuchando detrás de las puertas y nos enteramos de todo, por ahí supe que el doctor Heimlich (y por quién la maniobra esta de las narices se llama así) no sería el verdadero creador del procedimiento, si no que otro doctor llamado Edward A. Patrick del que con suerte se acuerda su mamá, pero eso ya son chismes de gatos. Lo que no son chismes, es que Heimlich se dedicó a hacer experimentos con humanos escandalizando a muchos, pero no a mí ya que me parece de lo más justo que hagan con los humanos lo mismo que hacen con los animalitos, así van a saber lo que se siente cuando prueban cosas raras en uno. Digo ¿hasta cuándo van a hacer experimentos sólo con nosotros? Lo lógico es que si esas ¿investigaciones? son para inventar remedios que usaran los humanos, hagan las pruebas con humanos y a nosotros, inocentes animalitos ¡déjennos tranquilos! 

martes, 10 de junio de 2014

De barómetros y patos


Según mi mamá yo soy el mejor barómetro de la casa porque cuándo yo no salgo a cuidar mi árbol y prefiero quedarme durmiendo en su cama hecha pelotita, viene lluvia ¿y saben qué? tiene toda la razón, porque aunque yo no sea uno de esos cachirulos que miden la presión atmosférica, con la sensibilidad de mis bigotes funciono igual que un barómetro. Yo sé que viene el buen tiempo cuándo los siento ligeros y apuntan para arriba, en cambio, cuándo va a llover, enseguida se ponen más pesados y sus puntas miran al suelo ¿ven que fácil? ningún misterio, simple observación… y hablando de observación: hoy estuve viendo vídeos con mi mamá y encontré uno, que si debo ser sincera, me tinca tiene algún truco porque es demasiado distorsionado, no sé, capaz que mi abuela le haya pagado a alguien para que yo deje de soñar con comer pajaritos…


Díganme ahora que lo vieron ¿de verdad creen que mamá gata no se comió a los patitos? Sean sinceros ¿verdad que es raro? Parece montaje y de ser cierto, la posibilidad que se me ocurre es que mamá gata esté ciega y crea que los patitos son hijos suyos también, pero en caso de ser así ¿cómo no se de da cuenta que tienen plumitas en vez de pelitos cuando los agarra? Muy, muy extraño… a no ser qué… ¡ya sé! mamá gata está cuidando a los patitos hasta que crezcan y tengan haaaarta carnecita para comer y así sus gatitos tengan comidita fresca cuando dejen de tomar leche… Sí, eso debe ser, es la única explicación lógica de porqué una gata cuida a 3 patitos en vez de comérselos, aunque debo decir (después de ver el video por décimoquinta vez) que son tan lindos y se ven tan suavecitos que dan ganas de acurrucarse con ellos ¿verdad que sí?

lunes, 9 de junio de 2014

De manicuras y paseos con lluvia

Hay algunas cosas bien raras que hacen los humanos, o al menos que hace mi mamá, la verdad qué no sé si las harán todos los humanos ¡espero que el resto no esté tan loco como ella! Por ejemplo hoy ¡se hizo la manicura! Y no, no me miren raro por usar esa palabra rara, confieso que yo no sabía lo que era hasta hoy día que la Conqui salió en la mañana sin decirme a dónde iba, pero cuando volvió yo la miré con cara de “¿dónde estuviste?” y tuvo que responderme: “me fui a hacer la manicure” ¡Jo! Quedé marcando ocupado ¡esa manía de usar palabras raras! Al tiro tuve que ponerme a investigar de qué iba la cosa, y supe que manicure es una palabra de origen vaya a saber uno dónde (dice mi mamá que es francesa pero tengo mis dudas) y que lo correcto en español es manicura por mucho que la siútica de mi mamá use la otra palabreja.

La manicura humana es diferente a la de los gatitos porque yo con un par de scratch scratch en la alfombra o en la silla, quedo lista, pero mi mamá no hace scratch scratch, ella usa una cosa que lija y se llama lima, y cuando se lo pasa por el borde de las uñas estas se van desgastando. Además de la lima, se ¡corta la piel! ¿Lo pueden creer? Hay que ser bien bruta; por mucho que ella diga que son sólo las cutículas y que no le duele, yo creo que debe estar un poco loca para hacer algo así ¿la guinda de la torta? ¡Se las pinta! Sí, pintadas con pintura, aunque confieso que eso de la pintura me da un poco de envidia, creo que mis uñitas pintadas de rojo se verían preciosas ¿verdad que sí? De verdad que no entiendo esa costumbre de complicarse la vida sin motivo. Digo, en vez de tanta manicura podría dejárse crecer las uñas como yo y así podría subir a los árboles sin necesidad de escaleras ¿o no?

Bue, vamos a cosas más interesantes: fue tanto lo que llovió el fin de semana, que ayer no me aguanté y salí a pasear con lluvia y todo. Mi abuela puso cara de que éramos un par de locas: mi mamá por darme permiso y yo por salir. Por suerte la Conqui le explicó que mi abriguito es muy calentito porque está compuesto por tres tipos de pelo diferente, y que la capa superior aguanta mucha agua antes de llegar a mojarse los pelitos que tengo más pegados a la piel. Además, apenas entré a la casa, ella altiro me secó con una toalla. Mi abuela puso cara de sorpresa porque yo estuve tranquila sin moverme mientras mi mamá se secaba, y ahí ella le dijo a la veterana que cuando vivíamos en Puerto Varas siempre me daba permiso para salir con lluvia, y apenas yo llegaba destilando ella me frotaba entera con la toalla y enseguida me secaba. Me gusta la lluvia, pero yo creo que me gusta porque sé que después de cada paseo tengo una casa calentita a la que volver y mi mamá me está esperando para secarme. Linda mi mamá… ¡aunque se haga la manicura! 

viernes, 6 de junio de 2014

De zorzales y trabajo

¡Hasta que lo logré! después de un año viviendo con mi abuela ¡finalmente hoy la escuché decir que tengo permiso para comerme un pajarito! o varios, depende de mi suerte. Eso sí: tienen que ser todos de la misma marca: zorzales. 

Ustedes se preguntarán cómo es que ocurrió este milagro, bue, yo les voy a contar… Todas las mañanas yo me levanto corriendo apenas siento a mi abuela moverse en su cama, y bajo con ella a la cocina para acompañarla mientras prepara el desayuno; ella saca tazas y pone platos, mientras, yo me siento en el vano de la ventana a observar el jardín, después de un rato me paro delante de la puerta y ella me abre para que pueda salir a dar un par de vueltas, subo y bajo por mi árbol, controlo que todo esté en orden y vuelvo a entrar. 

En las mañanas generalmente hay un par de zorzales que se dedican a picotear mi pasto buscando gusanitos, caminan dando saltitos, mueven su cabeza oyendo lo que ocurre debajo de la tierra y siempre están con un ojo atento puesto sobre mi, vigilando por dónde ando. Un par de veces he tratado de sorprenderlos, pero confieso que me contenía porque pensaba que mi abuela tenía un ojo puesto en mis movimientos para que yo no fuera a hacerles nada; creía que apenas me veiera acomodar mis patas traseras para agarrar fuerza y saltarles encima, el “¡Melí no lo hagas!” sería automático, y claro, su grito serviría de aviso para que los zorzales salieran volando, y yo no estaba dispuesta a hacer el ridículo gratuitamente. Pero eso fue hasta hoy día que la escuché hablar con mi mamá diciéndole que estaba aburrida con los zorzales paseando por el jardín como si fueran ellos los dueños. Al verlos parados en una baranda, mirándome con ganas de sacarme la lengua, ella recordó la pica que les tenía porque más de una vez corretearon a la Carlota, la gata viejita que vivía aquí antes que llegara yo, y eso no se hace, es una maldad muy grande molestar a los que no se pueden defender. Cómo habrán sido de malos, que incluso trataron de picotearla ¡¿lo pueden creer?! ¡zorzales perversos! ya van a ver ahora que tengo chipe libre para hincarles los dientes, se arrepentirán de todo lo que molestaron a la Carlota

¡Ah! ¡y tengo otra novedad! Llamaron de Santiago para ofrecerme trabajo, sí, trabajo ¡y cazando! uno no debería cobrar por hacer lo que le gusta, pero si me quieren pagar ¡bienvenida sea la platita para comprar crunchi crunchis! o tal vez podría ahorrar y comprarme uno de esos árboles para dentro de la casa que he visto en algunas revistas de decoración para gatitos… ¡siiii! eso quiero. 

Bue, les cuento del trabajo: resulta que en la casa de mi tía la gritona, la que es mamá de la Mila, aparecieron ratones y quieren que yo vaya a hacerme cargo de la situación ¿lo pueden creer? el único problema, es que no sé cuanto cobrar ¿qué será lo justo? digo, yo cuando cazaba en el sur lo hacía por entretención, nunca me pagaron por hacerlo y no sé si pagarán por día de trabajo o por ratón pillado. He estado toda la tarde googleando para ver si en alguna parte encuentro esa información, pero parece que no se usa mucho eso de poner aviso tipo “Busco gatita buena cazadora para terminar con ratoncitos molestos, pago xxx”. En todo caso, primero voy a tener que conversarlo con mi mamá para que me de permiso, además que ella es la que tendría que llevarme porque yo todavía no sé manejar. mmm ya veré qué hago, porque tampoco es llegar e irme, primero tengo que terminar con los zorzales del jardín.


(Algo así quiero... ¡qué entretenido!)

jueves, 5 de junio de 2014

La escalera en el árbol


Después de la lluvia, muchas hojitas y ramas cayeron al jardín, así que hoy, aprovechando el sol, la Conqui se puso a limpiar y ordenar: barrió hojas, cortó ramas ¡y se subió a mi árbol! claro que ella no tiene mi agilidad y mucho menos mis garras para afirmarse al tronco e impulsarse ramas arriba, así que usó una escalera, y hoy descubrí finalmente para servían ese par de palos largos con unos travesaños atravesados que, al menos hasta esta tarde, sólo había visto que los usaban para decorar la pared de la bodega. Confieso que no le había prestado mayor atención a la escalera, a lo más un par de oliscadas ociosas cuando ando con ganas de hacer rabiar a mi abuela o a mi mamá, como una forma de hacer hora demorando mi entrada a la casa cuando alguna de las dos me llama… Ya saben ¿verdad? los gatitos hacemos caso cuando queremos nosotros, y si obedecemos, lo hacemos de manera tal que no se nota que estamos obedeciendo.

Pero retomo el tema: hoy descubrí la utilidad de las escaleras, o al menos descubrí para qué usa mi mamá la que está en nuestra bodega: sirve para que la Conqui se pueda subir a mi árbol ¿lo pueden creer? Yo no lo hice fuuuuu como le hago a otros cuando los veo cerca de mi sauce porque ella es mi mamá, aunque debo decir que se veía bien rara trepada entre sus ramas; yo no sé si ella es muy grande o mi árbol muy chico, pero parecía que en cualquier momento se podía venir abajo con ramas y todo, así que me puse a una distancia prudente para que no me aplastara si se llegaba a caer.

En todo caso, el que mi mamá se haya subido a poner orden en mi sauce tuvo una cosa buena y una cosa mala:

Lo malo, es que medio en broma medio en serio me estuvo molestando porque descubrió que tengo algunas ramas del árbol marcadas con mis arañazos de tanto subir y bajar para controlar mi muro ¡y más encima se lo contó a mi abuela!; “mamá”, le dijo, “la Melí tiene todo el árbol arañado con tanto trajín que se trae ¿lo puede creer?”… ¡Hellooooo! No hay nada raro, los gatitos tenemos uñas, por eso no necesitamos escaleras para subir y bajar como otras… Esa es la idea: engancharse al tronco con las garras e impulsarse hacía arriba (si es de bajada, nos frenamos), esa es la mecánica y esa es la razón que nunca NUNCA hay que cortarle las uñas a un gatito, y mucho menos arrancárselas de cuajo como he sabido por ahí que algunos humanos hacen con sus gatitos ¡malos! Por suerte mi mamá jamás me ha tocado las uñas.

Lo bueno, es que cortó unas ramas que me molestaban para subir y bajar yo ¡linda mi mamá!, cuando se bajó yo enseguida me trepé árbol arriba y le mostré una rama que le había faltado frotando mi cabecita contra ella ¿y saben qué? mi mamá volvió a poner la escalera, se trepó de nuevo y ¡zas! la rama molestosa desapareció; quedé tan contenta que subí y bajé tres veces seguidas del sauce mientras mi mamá terminaba de recoger las hojitas que quedaban en el suelo.